Genghis Tron – Board Up The House
Por Juan Martínez
Genghis Tron
Board Up The House
Compañía Discográfica: Relapse Records
Calificación: 9
A pesar de contar con un álbum previo en su discografía (Dead Mountain Mouth, 2006), Genghis Tron parece haber salido de la nada al haberse convertido en una de las bandas más importantes de 2008, gracias al éxito de su producción Board Up the House.
El estilo de este trío combina de una manera bastante peculiar el metal con la música electrónica: si bien algunos nombres importantes en la historia del rock como Nine Inch Nails o Ministry ya habían sentado algunas bases en este terreno, la propuesta de Genghis Tron lleva el asunto varios peldaños más arriba al integrar elementos de metal extremo –en específico de grindcore–, lo que les ha valido que les sea colocada la etiqueta de “cybergrind”. Independientemente de la validez del subgénero como tal, lo cierto es que este grupo ha sabido crear un estilo propio con sus intensas alteraciones rítmicas y anímicas, acompañadas por variaciones vocales que pasan de los clásicos gritos y rugidos, a repentinas voces limpias, llevando al escucha de la desesperación a la depresión en cuestión de segundos.
Desde el tema titular y abridor, Board Up the House, nos queda perfectamente claro lo que será el resto del álbum: secuencias electrónicas, guitarras distorsionadas y pasajes progresivos. La letra de esta pieza habla de un ser paranoico que, temeroso de salir a la calle oscura, levanta una barda frente a su casa y se esconde en su habitación, esperando que alguien llegue a salvarlo… lo cual nunca ocurre. El entorno alrededor de su casa se va pudriendo, su cuerpo se va marchitando a causa del hambre y la inactividad. Este sentimiento enfermizo se va extendiendo a lo largo de todas las canciones hasta que, finalmente, en Relief, el último tema, el protagonista muere olvidado. Un gran momento de intensidad climática se concentra en I Won’t Come Back Alive, que comienza con un viaje instrumental desconcertante, pero conforme avanza logra despedazar el panorama sonoro que lo rodea y alcanza una cúspide veloz y pesada tan virtuosa que causa escalofríos, para finalmente regresar a su planteamiento inicial.
En definitiva, Board Up the House no es un disco fácil de asilmilar a la primera, pero quien esté dispuesto a escucharlo con detenimiento se encontrará con una grata sorpresa.
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