La espera fue ardua, pero por fin llegamos a la conclusión de nuestro largo conteo que contempló Los Mejores 35 Discos del 2007 que ya vemos en el pasado. Recordemos que la elección de este material fué única y exclusivamente en base al criterio de Search & Destroy. Dejen saber sus opiniones, sus listas, sus observaciones, sus quejas, etc.
Ahora que esclamos hasta el sitio número 1, y que sin duda a más de uno les causará sorpresa, nos enfocaremos en publicar listas de otros medios que también dieron a conocer lo que consideraron lo más distinguible del año pasado.
Es así como damos rienda suelta a este Top 5, y cerramos este episodio.
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5. Baroness – Red Album

Cuando detrás de una gran banda hay un álbum excelso, los resultados son proliferadores y quizá con vista a larga vida. Este es el caso de Baroness y su disco debut, The Red Album.
Baroness es una banda que causó gran impacto en el 2007, tal y como The Sword lo hizo en 2006. Su primer CD tiene bríos del stoner, envuelto con rock experimental, progresivo, caricias del hardcore más vírgen, y con trozos de complejidad alucinógena.
Sus composiciones instrumentales, bautizadas por la voz de John Baizley, son pólvora para melodías de honra y conquista. La primera muestra de este conjunto de Savannah, Georgia, no pudo ser mejor. A partir de ahora han pecado por la generosidad de The Red Album, ya que su penitencia será superar este plástico de colores épicos.
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4. Symphony X – Paradise Lost

Tras 5 años de espera y hambre por sus exigentes fans, otro gran retorno que se auguraba sería poderoso y penetrante fue el de Symphony X en este año. Tanto sorprendieron con su disco de 2002, The Odyssey, en donde probaron con voces más fuertes, oscuras y riffs “thrashys” que conservan en este Paradise Lost.
La energía de Russell Allen sigue estando ahí, su voz es la copa con la que brinda durante un manjar progresivo y sinfónico de fortaleza dura y precisa a la vez.
La meticulosidad y experiencia de uno de los mejores guitarristas del momento, Michael Romeo, aporta virtuosismo sin alardear, y una congregación de solos difíciles de creer, pero si fáciles de disfrutar y añorar. Aquí la técnica se vuelve un segundo plato pues los temas sólo hacen soñar a través de un recuperado paraíso llamado Symphony X.
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3. Down – Over The Under

Down no es una banda que acostumbre a editar CD’s cada año o dos. Eso, aunado a que en un lapso de 12 años sólo tienen tres LP’s, se debe a la veneración y adoración que transfieren en sus guitarras, en sus letras, en su creer, y más que nada, en la convicción de porque son una banda.
Este quinteto no luce como pretendiente de hacer dinero con Over The Under. Su liberación se extiende a sólidas canciones, riffs paralizadores, clásico aroma del ‘Southern Rock’ con potencia; un heavy rock retomado de las entrañas a la Led Zeppelin como su tema On March The Saints, así como pequeñas dosis camuflajeadas de blues.
Las raíces de Down son de culto y no del mainstream. Phil Anselmo suena excelente, la producción es infalible. La banda sureña tardó bastante en retornar con esta tercera faceta desde su incubación y no lo ha hecho en vano. Si sus anteriores entregas fueron de esmero y buenas críticas, esta le sigue el paso.
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2. Machine Head – The Blackening

En The Blackening la ejecución y composición recuerdan la vieja escuela del Thrash de la bahía que se enalteció por Metallica o Slayer en su época.
Machine Head nos mantuvo esperando por tres años desde Through the Ashes of Empire. En su nuevo trabajo se asoma una labor sonora de niveles magnánimos, con valores honestos, duelos de guitarra y requintos en la añeja usanza de heavy metal. Los solos se vuelven apoteósicos junto a la producción concebida por su mismo cantante.
Rob Flynn denota pasión en el resultado de cuerdas vocales que van desde la pasividad hasta la agresión que lo ha caracterizado desde aquel Burn My Eyes.
El grupo argumentaba que este CD sería su Master Of Puppets. A su estilo, alcance y dentro de sus propios límites, lograron su pieza maestra.
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1. Porcupine Tree – Fear Of A Blank Planet

Porcupine Tree es un conjunto que ha traspasado la superficie del underground con sus últimos LP’s allanando en la proeza de composiciones equiparables a la grandeza.
Luego de 24 meses de furtiva espera e incesantes giras, Porcupine Tree coloca en Fear Of A Blank Planet un sonido alternativo que no se aparta del elocuente Deadwing (2005). Continúan las cuerdas acústicas acompañadas de la fortaleza de guitarras eléctricas y complejidad en el crear. Las colaboraciones con sabios de otras eras como Geddy Lee de Rush y Robert Fripp de King Crimson, son especias añadidas para esta degustación de esplendor.
El disco se contiene de solo seis tracks, todos ellos con más de 5 minutos de duración, uno llegando a más de 15. Cellos, teclados ensartados en efectos atmosféricos se pueden sumar a este trabajo del grupo progresivo. Mantienen el perfil de tracks a medio tiempo, casi lentos y otros más rockeros con melodías intesificantes y explosivas. Su pesadez se mantiene constante al unísono de la dulzura y embestida agresiva de este representante inglés.