1349 – Revelations of the Black Flame
Por Antonymous Ayala
1349
Revelations of the Black Flame
Compañía Discográfica: Candlelight Records
Calificación: 8
Unos alaridos espeluznantes abren la última grabación de los noruegos 1349 comandados por Ravan, así presentan Invocation como inicio de su cuarto disco, Revelations of the Black Flame, luego que en el 2005 editarán el exitoso Hellfire.
Como era de esperarse, alrededor de esta nueva obra se generó una gran expectativa para ver si se lograba repetir la genialidad de su música. El inicio es un corte lento, denso y oscuro, plagado de un ambiente cavernoso, acorde con la imagen ennegrecida y ensangrentada de sus dos portadas, tanto la del rostro humano como la edición especial con su viscosa escalinata; luego viene Serpentine Sibilance y continúa el medio tiempo, los riffs de Archaon y Seidemann arrastrándose en cada compás, acompañados por la batería de Frost (Satyricon) al parecer amenazado de no acelerar la marcha, sino hasta el final donde comienza la rapiña que los hiciera famosos. Y en Horns regresa la pausa, el ambiente fúnebre de un trance instrumental, que es repetido en Misanthropy y al final con Solitude y At the Gate. ¿Es acaso la nueva propuesta de 1349?
En la mezcla intervino el conocido embajador del metal Tom G. Fischer (Hellhammer, Celtic Frost, Triptykon), tal vez su influencia dirigió esta nueva faceta de los noruegos, aunque él mismo ha declarado que su única participación fue para grabar la guitarra y bajo en Set the Controls for the Heart of the Sun.
Un corte que podría simbolizar el puente entre los trabajos anteriores de la banda, con este nuevo producto es Uncreation, que a pesar de un inicio lánguido, al minuto y medio se presenta un cambio de ritmo con una batería más versátil, que a manera de estrofa-coro, se va repitiendo la fórmula para que al final se descomponga en una descarga de black metal puro, con el solo desenfrenado que agoniza junto con el desenlace de la canción.
Mención aparte merece el cover Set the Controls for the Heart of the Sun, poco usual en este género de metal extremo rendirle honor a Pink Floyd, con una rola que viene en su segundo álbum titulado A Saucerful of Secrets (1968), y que desde esa época la pieza fue reconocida por su atmósfera más oscura y menos psicodélica.
El booklet se encuentra entintado en un material tan denso y carmesí que prácticamente es imposible leer las letras y conocer más detalles técnicos del disco. Un extra digno de señalar en la edición especial, es el disco en vivo titulado Works of Fire, Forces of Hell, que incluye 6-tracks-6 clásicos como Chasing Dragons, I am Abomination y Manifest. Fue grabado en vivo en el recinto Kolinsborg en Estocolmo, Suecia, el 3 de diciembre de 2005, al final de la gira europea Hellfire y como ellos mismos señalan, este es uno de los últimos conciertos con la alineación original de la banda y se llevó a cabo frente a 18 suecos, un mexicano borracho y una puta alemana.
El black metal siempre ha estado impregnado de polémica y este álbum no será la excepción, los detractores seguramente se rasgarán las vestiduras exigiendo la velocidad de antaño y la defenestración del estúpido título “true-norwegian-black-metal”, mientras que los escépticos o liberales intentarán descifrar el significado de este álbum. Me atrevo a opinar que no se puede pecar de conservador con la banda, es un hecho que al menos Maggot Fetus… Teeth Like Thorns rescata el sentimiento de pandillerismo y black metal crudo que los caracteriza; sin embargo, basándose en el título literal del disco, las revelaciones de la flama negra implica precisamente eso: una manifestación de una verdad secreta u oculta, luego entonces, lo que 1349 presenta en su álbum es black metal, no hay duda, pero infestado por un sentimiento drone, que por momentos se escucha monótono, con acordes sostenidos que generan una atmósfera somnolienta. Es posible creer que en Revelations of the Black Flame los noruegos se encuentran poseídos por el demonio de bandas como Earth, Sunn O))) o Boris. Un álbum endiablado solo apto para zombies de mente abierta, adictos al género del entumecimiento.

Se le puede considerar como un rey midas del metal, ha intervenido en la producción de sus principales exponentes como Dark Funeral, Dimmu Borgir, Immortal, Enslaved, Borknagar y Rotting Christ entre otros, además de participar activamente en Lock Up, Bloodbath, War y desde hace una década con su propia banda Pain.
El frontman se escucha más grave, como en sus álbumes de antaño, todavía puede alargar el grito lastimero, pero sin el timbre delgado, escuchándose un tono malévolo, en momentos casi grotesco.
La banda de Chicago
extremos de la amplia gama de sonidos que integran Into Night’s Requiem Infernal se localizan, en su lado más agresivo, en la violenta pieza titular, de amenazante ambiente death, ensombrecida por nubes negras que devoran la luz mientras la lluvia encubre el olor a muerte, mientras que el momento más inalterable es la melancólica The Fifth Day of March, acerca de un amor perdido —seguramente algún cinco de marzo— y que, simbólicamente, es la única letra impresa sobre fondo blanco en el libreto. Destacan también los arreglos instrumentales de Empathy’s Greed, que la transforman de acústica a sinfónica y viceversa, a lo largo de sus seis minutos de duración.
Con la salida de la primera entrega de covers de
Musicalmente por primera vez en la historia de Six Feet Under uno los podría llamar sublime, muy parecidos a los temas originales, sobretodo hay que hacer hincapié a la versión que hacen de The Frayed Ends of Sanity de Metallica que es perfecta (musicalmente hablando siempre) ,salvo por el trabajo de Chris que está fuera de lugar, como en la canción A Dangerous Meeting de Mercyful Fate, no se le entiende ni una silaba de alguna palabra que esté cantando. 
Apoyándose mas que nada en las baladas como A Tale That Wasn’t Right, Forever & One y If I Could Fly, pareciera que hacen lo correcto, son el punto fuerte de todo el tributo siendo sutil y consistente en líneas generales, pero con sus mayores clásicos que generalmente son rápidas, como Dr. Stein, Future World, Eagle Fly Free y I Want Out, parece una broma muy pesada y difícil de digerir cada vez que intentamos escucharlo; lo más difícil es apreciar When The Rains Grows, una hermosa obra de Master of The Rings triturada sin piedad dejándola muy atrás como lo era su versión original.
El álbum All Shall Fall de
La rabia del black metal noruego, del que no pueden desligarse por completo se escucha en Hordes to War, un corte agresivo e intenso de principio a fin, sin piedad alguna… “chaos and fire to defeaning sounds”. El lado épico, de himnos portentosos se puede distinguir en Norden on Fire o Mount North, con esos pasajes más lentos sin perder ese tono de oscuridad que los caracteriza. El artista noruego Are Mundal aporta el intro sinfónico, un breve pasaje ambiental congelado para Unearthly Kingdom, el cierre del álbum, que antes del minuto se enturbia con uno de los riffs más gloriosos del disco, siendo la pieza más extensa y catatónica.
Cada época en la historia de la música ha tenido su propio intérprete extremo, que por la rapidez, velocidad y agresividad de su propuesta ha provocado la impresión de los fanáticos y los medios. Desde épocas añejas ésta ha sido incluso la motivación y reto para muchas bandas que, en su debut o presentación de cada álbum, ondean la bandera de traer el disco más veloz y violento que se haya escuchado. Ese lema tan estereotipado en el mundo del metal pudo quizás, causar revuelo en los 60 o 70, pero a partir de agrupaciones como Slayer o Repulsion en Norteamérica, Carcass y Napalm Death en Europa, es realmente difícil sorprenderse con dicho estandarte. Al menos eso creía hasta escuchar la bestialidad de
El death metal norteamericano tuvo una erupción aparte de la conocida escena en Florida y me refiero al “death metal neoyorkino” (NYDM por sus siglas en inglés) con bandas ahora leyendas como Mortician, Immolation e Incantation, infestadas de maldad y excelencia musical. Es de este tipo de death metal al que me refiero, del oscuro, del denso y brillantemente ejecutado.
No hay una velocidad aplastante en su conjunto, ese es el estilo moderno de Suffocation; sin embargo, esta modalidad no sacrifica la pesadez de los norteamericanos, los solos de Terrance Hobbs y Guy Marchais en cada uno de las canciones es justo el homenaje al death de la vieja escuela. Los mejores están en Blood Oath, Come Hell or High Priest o Marital Decimation.
Como toda la obra de Sunn O))), Monoliths & Dimensions es un álbum imposible de clasificar y/o de calificar, aunque es un hecho que sus piezas no son aptas para el escucha promedio, es más, ni siquiera para el metalero promedio (a pesar de traer puesta la etiqueta de drone metal), e incluso podría decirse que tampoco resultan sencillas para los mismos seguidores de otras bandas del sello Southern Lord, como Boris, Lair of the Minotaur o Wino. Esta banda no tiene punto de referencia, y escucharlos de verdad constituye un reto muy alto para el público; aunque si bien es cierto que después de tres o cuatro vueltas al disco la composición va cobrando forma y los sonidos se tornan agradables en un contexto general, convirtiéndola en la obra más armónica de Sunn O))), en realidad no se trata de música en el más puro sentido del término, sino —mas aproximadamente— de ambient o noise, por lo que recomendarlo es una responsabilidad muy grande, hecho que parece no preocupar a gente que lo alaba desmedidamente cuando sus mismas observaciones son bastante cuestionables. Más vale dejar que llegue a quienes tiene que llegar, sin presionar, y que sus cualidades se expresen por sí mismas, sin necesidad de críticos intermediarios.
Salidos de la tenebrosa Ciudad de México y radicados en Los Angeles,
Finalmente, no podemos pasar por alto la gran portada, que muestra una gorgona sobre cuya cabeza —en lugar de serpientes— se hayan unos asquerosos ciempiés; esta imagen de horror visual corrió a cargo del legendario Joe Petagno, famoso ilustrador encargado de crear, entre otras cosas, al famoso War Pig, la mascota de Motörhead, y quien se mostró sumamente accesible y dispuesto para colaborar con Rusty Eye, con resultados por encima de las expectativas de la misma banda.
Thomas Rune Andersen, creador de
Un ambiente oscuro predomina en todo el álbum, las letras se encuentran cargadas de un desprecio a la existencia, odas bélicas a su pronta extinción recitadas por la desgarrada voz de Galder, que editada con su propio respaldo gutural provoca el efecto de que es el demonio quien vomita cada uno de los himnos como se escucha en On the Devil’s Throne y Ferden Mot Fiendens Land, la única cantada en su lengua natal, que puede traducirse del noruego como -la misión contra el enemigo de los pueblos-. El cierre del CD viene con Servants of Satan’s Monastery, un último discurso de Galder, tanto musical como lírico: “…death is your fate”. Es la frase con la que concluye el álbum perfecto .
A pesar que
tradicionales melodías de éste con los elementos estridentes del metal extremo. Finalmente, la cereza en el pastel la representa un sonido de batería sumamente distinguido, y existe una razón para ello: la inclusión en este disco de Norm Leggio de la legendaria agrupación Psychotic Waltz, también de San Diego, formados dos décadas atrás.
Hablar de
Those Whom the Gods Detest es un disco que sigue presentando la creatividad de la mancuerna Sanders-Dallas, con el riesgo que implica el uso cada vez más constante de armonías como en la introducción de la canción homónima, que junto con 4th Arra of Dagon y Iskander Dhul Kharnon con esos coros épicos que deletrean los títulos, aportan un elemento nuevo para su estilo musical, pero son las canciones más pausadas y tal vez débiles de la grabación.
Se necesitan muchos huevos para sacar un disco así; y también se necesita tener mucha confianza en el trabajo propio para liberar una séptima producción underground sin casi (hasta donde yo sé) ninguna promoción por parte de la banda o de la disquera. Pero vender mil copias en dos meses habla de una gran, gran banda con fuertes cimientos musicales y una verdadera legión de seguidores.
recónditos, una batería extraordinariamente compleja (pero sin presunciones estériles) por parte de Antonio León, y el vozarrón de Daniel que parece el de una horda infernal enfurecida. La banda tiene recursos musicales, se ve de lejos. Pero también saben como aprovecharlos para transmitir sensaciones negras y bizarras. El disco trae algunos tracks instrumentales, destacando Vault to the Voyage que es un viaje onírico/cósmico y alejado totalmente de la realidad, con una duración de minuciosos 11:15 minutos. Kilométrico pero excelente. Mi favorito es el último track The mission/Arrival to hopeless shores que es una obra de casi 12 minutos haciendo todo una alegoría a la oscuridad y profundos pensamientos personales. ![WPM [Web + Photo + Magazine] WPM [Web + Photo + Magazine]](http://elsercho.com/wp-content/uploads/2009/06/botonwpm.jpg)




















